NIIF 18 en el Perú: los tres cambios del estado de resultados que debes implementar antes de 2027

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INTRODUCCIÓN 

Hay una conversación que se repite en comités financieros de todo el país. Alguien menciona la NIIF 18, otro asiente y la archiva mentalmente como «un cambio de formato que veremos en enero de 2027». Y ahí termina el tema. El problema es que esa tranquilidad descansa sobre un error de calendario que puede costar caro. 

La NIIF 18 no es un retoque estético al estado de resultados. Es la norma que redefine cómo las empresas que aplican NIIF completas presentan su desempeño financiero, qué subtotales están obligadas a mostrar y cuánta transparencia deben dar sobre los indicadores que la propia gerencia comunica al mercado. Reemplaza a la NIC 1, que acompañó a los contadores durante dos décadas, y lo hace con una condición que cambia todo el cronograma: su aplicación es retroactiva. 

Eso significa que la pregunta correcta no es qué harás en 2027. Es qué debiste empezar a hacer en 2026. A lo largo de este análisis desarrollamos los tres frentes que exigen atención, el marco normativo peruano que ya la oficializó, el efecto colateral sobre el estado de flujos de efectivo que pocos anticipan y los errores que, por tratar a esta norma como un trámite, terminan convirtiéndose en contingencias. 

 

Qué es realmente la NIIF 18 y por qué jubila a la NIC 1 

La NIIF 18, «Presentación e información a revelar en los estados financieros», fue emitida por el IASB en abril de 2024 y entra en vigor para los periodos anuales que comienzan el 1 de enero de 2027 o después, con aplicación anticipada permitida. Su efecto más visible es que deroga y reemplaza a la NIC 1, la norma que durante años fijó los lineamientos de presentación de los estados financieros. 

El punto que conviene fijar desde el inicio, porque es la fuente de casi todos los malentendidos, es este: la NIIF 18 no modifica el reconocimiento ni la medición de las partidas. Lo que una empresa registra como ingreso, como gasto, como activo o como pasivo sigue determinándose por las normas de siempre. Lo que cambia es cómo se estructura, se agrupa y se explica esa información en el estado de resultados y en las notas. En términos prácticos: no cambia cuánto gana la empresa, cambia cómo lo presenta y, sobre todo, qué tan comparable resulta frente a sus pares. 

«La NIIF 18 no altera cuánto gana una empresa. Altera cómo lo explica y qué tan creíble resulta esa explicación ante bancos, inversionistas y auditores.» 

Esa distinción, lejos de restarle importancia, la multiplica. Porque un cambio de reconocimiento se resuelve en un asiento contable, mientras que un cambio de presentación obliga a intervenir el plan de cuentas, el ERP, las políticas contables y los reportes de gestión. Es, por naturaleza, un proyecto de procesos, no una corrección de cierre. 

La NIIF 18 ya es norma vigente en el Perú (y no hay que confundir las resoluciones) 

En el Perú, la adopción de las NIIF no es automática: cada estándar debe ser oficializado por el Consejo Normativo de Contabilidad (CNC), órgano del Ministerio de Economía y Finanzas creado por la Ley N.° 24680. Y la NIIF 18 ya recorrió ese camino. 

El CNC oficializó la NIIF 18 mediante la Resolución N.° 003-2024-EF/30, publicada en El Peruano en septiembre de 2024. La fecha de aplicación en el país es la del propio estándar: periodos anuales que comienzan el 1 de enero de 2027. Es decir, la norma ya existe y ya tiene fecha; lo que falta es que las empresas la implementen. 

Tres resoluciones que no deben mezclarse 

Aquí hay un detalle que genera confusión incluso entre equipos técnicos, porque conviven números casi idénticos. Conviene tenerlos separados con claridad: 

Resolución N.° 003-2024-EF/30: oficializa la NIIF 18. 

Resolución N.° 003-2026-EF/30: aprueba el Set Completo de NIIF versión 2026. 

Resolución N.° 002-2026-EF/30: aprueba el Plan Contable General Empresarial (PCGE) 2026, homologado con las NIIF y con la NIIF para las PYMES. 

A esto se suma que el Perú adoptó la tercera edición de la NIIF para las PYMES, también con aplicación obligatoria desde el 1 de enero de 2027 y adopción anticipada permitida. Qué marco aplica a cada empresa —NIIF completas o NIIF para las PYMES— depende de los umbrales definidos por el CNC, y esa es una de las primeras decisiones que un diagnóstico serio debe resolver antes de mover una sola cuenta. 

Una advertencia práctica sobre el PCGE 2026: que exista un plan contable homologado con NIIF no significa que el mapeo a las nuevas categorías del estado de resultados venga resuelto de fábrica. Reordenar el plan de cuentas hacia las cinco categorías que exige la NIIF 18 sigue siendo una tarea de cada empresa, no algo que el PCGE ejecute por ella. 

Frente 1 — La nueva estructura del estado de resultados: cinco categorías obligatorias 

El cambio más estructural de la NIIF 18 es que cada ingreso y cada gasto deben clasificarse en una de cinco categorías definidas: 

  • Operación. 
  • Inversión. 
  • Financiación. 
  • Impuestos a las ganancias. 
  • Operaciones discontinuadas. 

La lógica detrás de esta clasificación es forzar comparabilidad. Hasta hoy, bajo la NIC 1, dos empresas del mismo sector podían presentar su desempeño de maneras tan distintas que compararlas exigía un ejercicio de reconstrucción. La NIIF 18 reduce ese margen: establece casilleros comunes para que lo operativo, lo financiero y lo de inversión queden separados con un criterio homogéneo. 

Por qué la categoría de operación es residual (y por qué eso importa) 

El detalle técnico que marca la diferencia es que la categoría de operación es residual. No se define por una lista cerrada de partidas, sino por descarte: agrupa todos los ingresos y gastos que no corresponden a inversión, financiación, impuestos ni operaciones discontinuadas. 

Este diseño no es accidental. Evita una práctica que durante años distorsionó la lectura del desempeño: dejar fuera de la utilidad operativa las partidas «incómodas» —provisiones inusuales, deterioros, gastos no recurrentes— para mostrar una operación más limpia de lo que realmente fue. Con la NIIF 18, si una partida no encaja objetivamente en otra categoría, pertenece a operación. Punto. El resultado operativo deja de ser un relato y pasa a ser una cifra con reglas. 

 Frente 2 — Subtotales definidos: el fin de la «utilidad operativa a la medida» 

El segundo frente ataca directamente uno de los espacios de mayor discrecionalidad del modelo anterior. La NIIF 18 introduce subtotales de presentación obligatoria y con definición uniforme, entre ellos la utilidad operativa y la utilidad antes de financiamiento e impuestos, además del resultado del periodo que cierra el estado. 

El cambio de fondo es conceptual. Bajo la NIC 1, cada empresa podía construir su propia noción de «utilidad operativa» y, en la práctica, eso es lo que ocurría: un mismo subtotal significaba cosas distintas según quién lo preparara. La NIIF 18 convierte ese subtotal en una medida definida por la norma, con un contenido estandarizado que permite comparar manzanas con manzanas. 

«Durante años, cada empresa definió su propia utilidad operativa. La NIIF 18 la convierte en una medida con reglas, y con ello, en una cifra que por fin se puede comparar.» 

Para el usuario de los estados financieros —un banco que evalúa una línea de crédito, un inversionista que compara objetivos de adquisición, un directorio que mide performance— esto es una mejora de credibilidad. Para el preparador, es un trabajo de reclasificación que debe estar mapeado en el sistema antes del primer cierre bajo la nueva norma, no improvisado sobre la hoja de cálculo al final del ejercicio. 

Frente 3 — Transparencia sobre las medidas de desempeño definidas por la gerencia (MPM) 

El tercer frente es, probablemente, el de mayor sensibilidad para las empresas que se comunican activamente con el mercado, y es donde la NIIF 18 se vuelve más exigente. 

Las medidas de desempeño definidas por la gerencia (MPM, por sus siglas en inglés) son los indicadores que la gerencia utiliza en comunicaciones públicas fuera de los estados financieros —presentaciones a inversionistas, memorias, reportes a bancos— para transmitir su propia visión del desempeño. No son subtotales especificados por las NIIF. El ejemplo más conocido es el EBITDA ajustado. 

Hasta ahora, estos indicadores vivían en un terreno cómodo: se presentaban al mercado sin una conciliación formal con las cifras auditadas, y cada empresa ajustaba a su criterio qué sumaba y qué restaba. La NIIF 18 cierra esa puerta. Cuando una empresa comunica públicamente una medida de este tipo, debe incorporarla a los estados financieros auditados y revelarla en una única nota que incluya su definición, el detalle de su cálculo, la conciliación con la medida NIIF más cercana y la justificación de por qué esa medida es útil para entender el desempeño. 

EBITDA ajustado bajo escrutinio (y qué no califica como MPM) 

Dos precisiones técnicas evitan errores frecuentes. La primera: una medida ya exigida por las NIIF, como la utilidad operativa, no puede presentarse como MPM, porque la norma ya la define. La segunda: no todo indicador de gestión es un MPM. El «flujo de caja libre», por ejemplo, no califica, porque no es un subtotal de ingresos y gastos. 

El impacto reputacional de este frente es considerable. Una empresa que durante años reportó un EBITDA ajustado «generoso» tendrá que conciliarlo, por primera vez y a la vista de todos, con su resultado bajo NIIF. La distancia entre ambas cifras dejará de ser un asunto interno para volverse información revelada. Conviene medir hoy ese diferencial, no descubrirlo en la nota. 

 El efecto colateral que pocos anticipan: el estado de flujos de efectivo 

Mientras la atención se concentra en el estado de resultados, la NIIF 18 produce un ajuste silencioso en el estado de flujos de efectivo que puede pasar inadvertido hasta el cierre. 

Con el método indirecto, el punto de partida de la conciliación deja de ser el resultado antes de impuestos y pasa a ser la utilidad operativa. Además, se ordena la clasificación de ciertos flujos: los intereses y dividendos pagados se presentan en financiación, y los intereses y dividendos recibidos, en inversión. 

Parece un ajuste menor, pero obliga a revisar las plantillas de flujo, las fórmulas del ERP y los papeles de trabajo que alimentan ese estado. Un equipo que implemente los tres frentes del estado de resultados y olvide este eslabón se encontrará con un flujo de efectivo que no cuadra con la nueva presentación. Es, justamente, el tipo de detalle que un acompañamiento con criterio detecta antes de que se convierta en un reproceso. 

 Agrupación y desglose: el adiós al cajón de sastre «Otros» 

La NIIF 18 también aprieta sobre una costumbre extendida: refugiar partidas heterogéneas bajo rubros vagos como «Otros ingresos» u «Otros gastos». La norma desalienta esas categorías genéricas y exige desglosar las partidas inusuales o no recurrentes cuando resultan materiales. 

El objetivo vuelve a ser la calidad de la información: que el lector de los estados financieros entienda de qué está compuesto el resultado y pueda distinguir lo recurrente de lo extraordinario. Para el preparador, implica una revisión granular de qué se está agrupando y por qué, y una definición clara de políticas de desglose que resistan la revisión del auditor. 

Por qué tu implementación empieza en 2026, no en 2027 

Aquí está el detalle que cambia el calendario y que, por desconocerse, convierte a la NIIF 18 en una trampa de cronograma. 

La aplicación de la NIIF 18 es retroactiva. Para una empresa que cierra en diciembre, esto significa que los estados financieros de 2027 deberán presentar la información comparativa de 2026 bajo la nueva estructura. Dicho de otro modo: el ejercicio 2026 también debe reexpresarse. Y el ejercicio 2026 está ocurriendo ahora. 

«El trabajo real de la NIIF 18 no está en 2027. Está en 2026. Quien lo entienda tarde, reexpresará a contrarreloj lo que pudo construir con tiempo.» 

Esto transforma la naturaleza del proyecto. No se trata de preparar un cierre futuro con una norma nueva, sino de asegurar que los datos del ejercicio en curso puedan reconstruirse mañana bajo las cinco categorías, los subtotales definidos y las notas de MPM. Cuanto más tarde se empiece, más se parecerá la implementación a una reconstrucción forense y menos a un proyecto ordenado. 

Los errores que pueden convertir una norma de presentación en una contingencia 

Por su apariencia de «cambio formal», la NIIF 18 acumula errores de implementación que terminan siendo caros. Los más frecuentes: 

Tratarla como «solo un cambio de formato» y arrancar en 2027, cuando el comparativo 2026 ya debía reexpresarse. Es el error que arrastra todos los demás. 

No mapear el plan de cuentas y el ERP a las cinco categorías. Sin ese mapeo, cada cierre se vuelve un ejercicio manual, propenso a inconsistencias y difícil de auditar. 

Seguir comunicando el EBITDA ajustado a bancos e inversionistas sin conciliarlo con la medida NIIF correspondiente, exponiéndose a observaciones del auditor y a preguntas incómodas del mercado. 

Olvidar los covenants. Si los contratos de financiamiento atan ratios a la utilidad operativa o a subtotales que ahora cambian de definición, la nueva presentación puede alterar el cumplimiento de cláusulas sin que la empresa lo advierta. Revisar los covenants a la luz de la NIIF 18 es tan importante como reordenar las cuentas. 

Cada uno de estos errores comparte una raíz: subestimar la norma. Y subestimar una norma es, precisamente, lo contrario del enfoque preventivo con el que debería abordarse.  

De la obligación a la oportunidad 

Vista con criterio estratégico, la NIIF 18 no es solo una carga de cumplimiento. Es una oportunidad. 

Primero, de credibilidad: estados financieros más comparables y estandarizados fortalecen la posición de la empresa frente a bancos, inversionistas y potenciales socios. En un proceso de financiamiento o de due diligence, presentar información alineada con la nueva norma, consistente y bien conciliada, es una ventaja competitiva concreta. 

Segundo, de orden interno: la implementación obliga a revisar políticas contables, a limpiar el plan de cuentas, a depurar el ERP y a alinear los reportes de gestión con la información auditada. Son tareas que muchas organizaciones posponen durante años y que esta norma convierte en prioridad. Bien aprovechada, la NIIF 18 deja a la empresa con una contabilidad más robusta de la que tenía antes. 

Cómo acompaña Quantum Consultores esta transición 

En Quantum Consultores llevamos más de 20 años acompañando a empresas peruanas en los momentos en que la técnica contable y tributaria deja de ser rutina y se vuelve decisión estratégica. Somos una firma boutique con un nivel técnico cercano al de las Big Four, pero con una diferencia que nuestros clientes valoran: cada proyecto lo conduce un especialista senior, con atención personalizada y un enfoque preventivo que anticipa los problemas antes de que lleguen al cierre o a la fiscalización. 

Bajo el liderazgo de Marysol León, Contadora Benemérita del Perú, hemos construido una práctica que no se limita a aplicar la norma, sino a interpretarla con criterio y a traducirla en procesos concretos. En la implementación de NIIF plenas y NIIF para PYMES, eso se traduce en un acompañamiento de extremo a extremo: diagnóstico de impacto para definir qué marco aplica y qué tanto cambia la presentación de la empresa, mapeo del plan de cuentas y del ERP a las nuevas categorías, diseño de las políticas de desglose y de la nota de MPM, revisión de covenants que podrían verse afectados y, cuando corresponde, reexpresión ordenada del comparativo 2026. 

Porque, como repetimos a nuestros clientes, el verdadero valor no está en conocer la norma, sino en tener el criterio para aplicarla sin exponerse. 

 CONCLUSIÓN 

La NIIF 18 llegó para ordenar y explicar mejor lo que las empresas ya hacen. No cambia cuánto ganan; cambia cómo lo presentan, cuán comparables son sus cifras y cuánta transparencia dan sobre los indicadores que comunican al mercado. Sus tres frentes —la nueva estructura del estado de resultados, los subtotales definidos y la transparencia sobre las MPM— no son exigencias aisladas, sino piezas de un mismo objetivo: estados financieros más creíbles. 

El error más costoso sería leer esta norma como un trámite de 2027. Su aplicación retroactiva ancla el trabajo real en 2026, el ejercicio que transcurre ahora. Las empresas que lo entiendan a tiempo convertirán una obligación en una ventaja; las que lo posterguen, reexpresarán a contrarreloj. La diferencia entre un escenario y otro no es la norma. Es el criterio y la anticipación con que se la aborde. 

¿Tu empresa ya mapeó su plan de cuentas a las cinco categorías de la NIIF 18 y evaluó cómo cambia la reexpresión de su comparativo 2026? En Quantum Consultores diagnosticamos el impacto real de la norma en tu organización y te acompañamos en la implementación de NIIF plenas y NIIF para PYMES, desde el primer diagnóstico hasta la reexpresión del comparativo. Conversemos antes de que el calendario decida por ti. 

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